jueves, 6 de agosto de 2020

SOY AMARILLO - CORAL

SOY AMARILLO

CAPITULO 1

Siempre los mismos paisajes.
Los mismos caminos.
Los mismos sonidos.
Las mismas personas.
Las mismas mentiras.

Soy alguien simple. No muy exigente. No destaco. 
Soy como un Diente de león; con un color llamativo.. pero no realmente bonita, ni importante.
Si estuviera plantada en un jardín y junto a mi hubiera un Clavel o una Freesia ¿a quién mirarían? 
Exacto.
Las mirarían a ellas. Porque son hermosas. Capaces de embelesar. Perfectas para regalar.
Y yo en cambio, sólo sería mala hierba.
¿suena un poco deprimente verdad?
Pues así es la vida de los que no poseemos nada maravilloso ni sorprendente.
Vivimos de forma normal, nos suceden cosas normales, y morimos de forma normal.

No me puedo quejar, no ha sido una mala vida.
Pero siempre quise más.
¿han sentido alguna vez ese algo en su pecho, que les dice "algo falta"?
Que al terminar el día les presiona, les incomoda, los pone melancólicos, a veces.
Se imaginan escenarios increíbles, con historias increíbles, y a ustedes como protagonistas.
Pero jamás se hace realidad.
Jamás se les da ese gusto.
Porque son normales, simples, aburridos.
Como yo.
...

De lunes a viernes la misma rutina. 
Levantarse, desayunar, clases, volver a casa, cenar y dormir.
Hoy no era la excepción. 
Es miércoles.
Día de pereza y sentir que la semana es eterna.
Me vestí como siempre. Casual.
Zapatillas blancas, choker blanco, el cabello atado en un tomate y mis característicos lentes con diseño de abuelita (hablo del color y los dibujos del marco).
Como quería agregarle un toque nuevo a mi look hice uso de mi "buen gusto para la moda".
Y terminé mi conjunto con un vestido amarillo. Tenía tirantes y era largo hasta las rodillas.
Simple ¿verdad? 
Pero era bonito.

El amarillo es mi color favorito. Me recuerda lo vivo y cálido que es todo.

No tenía mucha hambre así que sólo comí una mandarina.
Al llegar a la preparatoria mi estómago rugía. "Dame comida" me decía.
Era gracioso. Me solía pasar a menudo. Despertaba y me vestía, no tenía tiempo para pensar en comida, por lo que casi siempre cogía algo rápido y salía a tomar el colectivo. Pero después de 10 minutos de viaje llegaban las consecuencias de un alimento poco saciador. Una orquesta en mi estómago. La canción "aliméntate" sonaba sin parar, y por si fuera poco, lo hacía con altavoz porque se escuchaba hasta el salón de maestros al otro lado del edificio.
Buscaba dinero en los bolsillos de mi mochila, pero nada, solo el pago del colectivo de la tarde.
¿me quedaba con hambre hasta el almuerzo?
¿caminaba a casa?
No vivía muy cerca. A 15 km quizás.
Decidí esperar al almuerzo. No creía llegar a desmayarme de hambre. Sería tremenda exageración de parte de mi cuerpo y no es que me alimentara mal. Podía resistir.


Mi estómago ha rugido toda la clase. Mis compañeros se dividen entre los que se molestan, los que se ríen, los que sienten pena y los que lo ignoran.
Mis amigos, que se sientan al otro lado del salón para evitar distraernos entre nosotros, me ofrecen comida por debajo de sus mesas.. ¿cómo esperan que llegue a mi? no lo sé.
Mi profesor de filosofía es conocido por ser un maestro en quitar papeles u objetos, que tienen la lamentable suerte de estar pasando de mano en mano por la sala. Los papeles con mensajitos los lee frente a toda la clase, los objetos los confisca y jamás los devuelve, y la comida, pues,  se la come. 
Así que ya saben cómo terminarían los amables regalos de mis amigos hacia mi estómago.

Espero al final de la clase, y al oír el timbre siento como si volaran ángeles a mi alrededor. Mario saca dos sándwiches de tomate y jamón y al sentarnos debajo de un árbol en el patio me los entrega.
Debería sentirme mal por quitarle su comida, pero no. Me siento bien, muy bien de hecho.
Él siempre trae 3 sándwiches extra a clases. Se come uno en cada receso. 
Siempre se queja que no logra bajar de peso y que su six pack se nota cada vez menos.
¿Cómo no hacerlo? come más de lo que se ejercita.
Empezó a comer demás y a deshora desde que su novia lo dejó.
Dijo que estaba bien, pero es obvio que no es así. 
Su corazón y su orgullo se quebraron al mismo tiempo. Fue reemplazado por un chico del equipo de baloncesto mucho más guapo y musculoso que él.
Me da bastante pena, pero eso sucede cuando sales con la chica más aprovechada y cara dura de la preparatoria.

Comí los sándwiches y disfruté cada mordida.
Antes de terminar el 2do suena el timbre anunciando el final del receso.
Teníamos física, y la profesora jamás esperaba ni dejaba pasar al que llegaba tarde.
Era la menos favorita debo decir.
Metí todo a mi boca tan rápido que mis cachetes se llenaron y quedaron inflados y regordetes.
Antes de siquiera poder levantarme aparece un chico y me saca una foto con su celular.
Me quedo estupefacta.
Él ríe y guarda su teléfono - que gran sorpresa, hoy me encontré con una ardilla glotona - vuelve a reír y se va.
¿Qué acababa de pasar?
¿Me sacaron una foto?
¿Hicieron un chiste sobre mi?
Me levanté y fuimos al salón algo confundidos.
Mis pensamientos no me dejan prestar atención. Ni siquiera fue gracioso su comentario.
Recordé que había hablado con ese chico antes. Le pregunté a principio de semestre dónde quedaba el salón de coro, y unas semanas después le pregunté si podía enseñarme a tocar el bajo, ya que la profesora de música lo describía como el bajista más talentoso.
Aún me molesta que me haya dicho que no. No le costaba casi nada de tiempo y hasta le iba a pagar. 
Su razón fue realmente estúpida. "No creo que tengas talento" me dijo.
No lo odio, pero me molestó bastante lo que me dijo. Él no sabía nada de mi. Y si, sé que soy muy ordinaria y no poseo nada llamativo, pero de igual forma, esa no era una razón válida.
Desde entonces cada vez que lo veía daba vuelta la cara y me iba.
De qué le sirve ser tan amable y simpático la mayoría del tiempo si luego saldrá con tremendas tonterías.

El tiempo pasó rápidamente mientras estaba absorta en mis pensamientos.
Escucho el timbre y salgo rápidamente del salón. Mi próxima clase sería música y me gustaba llegar antes para practicar un poco.
Mis amigos ya conocían esta rutina así que ellos seguían con sus cosas hasta que sonara el timbre.
Al llegar veo a la profesora, Madame Lucía, hablando con unos chicos, no podía ver quiénes eran pero preferí no interferir.
Entré silenciosamente y tomé un trípode. Dejé mis hojas bien ordenadas en él y comencé a anotar algunas cosas mientras esperaba a que se fueran aquellos inesperados invitados.
Madame Lucía se gira hacia mí y me apunta - ella es de quien les hablo - la miro confundida.
Los chicos que estaban junto a ella se giran para verme y vaya sorpresa, uno de ellos era el simpático joven que se negó a enseñarme a tocar el bajo y que luego me tomó una foto en una situación vergonzosa.
El chico sonríe y mira a la maestra - Madame no creo que ella sea la indicada - sin decir otra palabra se va el grupo de 4 jóvenes de la sala.

- ya verás Olive, los convenceremos - sin decir otra palabra Madame Lucía me inscribe en el espectáculo del coro que habría en dos días. Era una presentación muy importante. Por esa misma razón decidí no participar. No quería arruinar nada.

Luego de hablar unos minutos llegué a la conclusión de que no podría convencer a mi profesora de sacar mi nombre de aquella cartola, por lo que solo me resigné y seguí sus indicaciones. Al parecer a ella le emocionaba bastante lo que pasaría conmigo.

El resto de la tarde y el día siguiente siguieron con toda normalidad. Mi rutina de siempre.

Al llegar el viernes me sentí muy nerviosa.
Lo estaba tanto que olvidé arreglarme.
Salí de casa con mis típicas zapatillas blancas, unos mom's jeans y un sweater.
Al llegar a clase mis amigos me miraron sorprendidos.
María se acercó a mi y me dio un golpe en el brazo - Olive te dijeron que te vistieras diferente hoy, a Madame Lucía le dará un infarto si te ve así - Sentí que estaba exagerando pero al terminar la clase e ir al baño lo comprendí. Mi cabello estaba sujeto en una cola desordenada, mi cara estaba roja por olvidar el bloqueador solar, mi sweater se veía viejo y gastado y tenía puestos calcetines de distinto color.
Era el peor día para verme simple y ordinaria, y mis nervios le agregaron el elemento "desaliñado".
María llamó a su hermana mayor, Florence. Le dijo que viniera al último receso, que trajera ropa y maquillaje para mi, y que no olvide hacer realidad su sueño hoy.
Esa última frase me dio algo de miedo. Desde que conozco a Florence, siempre quiso cambiar mi estilo y hacerme ver "espectacular".
En lo que quedaba de clases María me untó crema con aloe vera en la cara y cuello. Me sentía incómoda y no podía tocarme si me picaba.

Pasaron las horas y ya había terminado la última clase del día. Eran las 15:30 pm y entre todos mis amigos me sacaron y llevaron rápidamente al baño. Florence nos esperaba ahí con la ropa y el maquillaje. Mis nervios aumentaban cada vez más y el ruido y apuro de mis queridos colegas no me estaba ayudando.
Luego de unos 15 minutos ya estaba lista.
Mi cabello estaba suelto, peinado y con mis ondas y rizos naturales. Usaba un crop top amarillo de hombros descubiertos y mangas englobadas hasta la muñeca, una falda a la cintura ajustada del mismo color que llegaba casi hasta la rodilla, unos tenis blancos, y como toque final el maquillaje. Era bastante simple pero resaltaba mis ojos y mis labios se veían brillantes y bonitos. Según Daniel se veían "apetitosos".
Con eso dejan todo claro ¿no?

Suena el timbre y corro al gimnasio. Por horario debía realizarse la última clase, pero como teníamos esta presentación bastante relevante, se tomó esta última hora de clases para realizarlo.
Choco contra alguien. Me disculpo enseguida y al alzar la vista veo que es ese tipo al que le encantaba juzgarme.
- ¿vas a presentarte hoy? - pregunta con un gesto cómico. Respondo de forma afirmativa y su cara cambia de gracia a seriedad - mejor para con todo esto, terminarás haciendo el ridículo. No porque Madame Lucía te diga que tienes talento será verdad, seguro lo dice porque no quiere hacerte sentir mal - lo miro molesta, ya me tenía harta. 
- ¿cuál es tu problema? no te he hecho nada, jamás he interactuado contigo por más de cinco minutos, así que ¿qué te pasa conmigo? ¿qué te molesta? - sin darme tiempo a decir otra palabra me contesta indignado - me molesta que creas que todo esto es muy fácil. Que te tomes la música tan a la ligera cuando ni siquiera le dedicas tiempo para ver lo aplicado que hay que ser. Sólo andas jugueteando. Si no aportarás nada a este mundo o a esta preparatoria entonces no te entrometas, solo me estorbas - luego de su inesperado desahogo y sermón se va. No me dejó responder nada, ni defenderme ni decirle que era un idiota que se estaba equivocando.
Molesta entro al gimnasio, no quería perder más tiempo por culpa de él.

Al entrar veo que está todo adornado de manera tan linda y perfecta. Demostraba dedicación y que era un espectáculo importante.
Y yo podría arruinarlo.
No sirvo para estar bajo presión.
Además estaba molesta.
Acababa de ser injustamente juzgada y sermoneada.

Voy tras bambalinas y veo a todos los miembros del coro y de la banda instrumental. Madame Lucía me lleva a una esquina - Olive, tú serás el último acto, así que quédate tranquila y espera tu turno, sé que saldrá hermoso como siempre, animo cariño ¡y suerte! - la maestra se va a ayudar a los otros participantes y quedo sola.
Me sumerjo en mis pensamientos, mis nervios, mi intento de autocontrol y pierdo la noción del tiempo.
¿Tendría razón ese chico? ¿por qué le importa tanto? siempre era muy animado y amable, pero cuando se trataba de música, era otra persona. Juzgaba con lo que sólo veían sus ojos, no se adentraba en la historia. Le prestaba atención a sus sentimientos y a nada más.
Era injusto. 

De la nada aparece Anthony, mi mejor amigo, me habla pero tardo un momento en prestar atención - Olive ya te va a tocar, ¡espabila! - pone sus manos en mis brazos y me sacude. Después de unos segundos vuelvo a mis sentidos y lo miro sorprendida. Al escuchar que Madame Lucía me llamaba lo abrazo - gracias bebé, estaba en las nubes - me mira sonriendo y me da un beso en la mejilla - deséame suerte - lo suelto y voy hacia la maestra. Había llegado la hora. De no ser por Anthony lo hubiera arruinado incluso antes de presentarme. Le estoy muy agradecida, siempre está ahí cuando lo necesito.

Me anuncian y salgo al escenario. Camino lentamente. Estoy nerviosa, muy nerviosa. Jamás me había presentado frente a un público. Siempre éramos Madame y yo.
Al mirar a mis espectadores veo a mis amigos animándome, a mis profesores con un gesto de sorpresa, a Florence grabando con una sonrisa de oreja a oreja. Al mirar los asientos justo frente a mi me cruzo con una mirada intrigada pero seria. Era ese chico. Ese molesto chico que siempre dudaba de mis capacidades por lo ordinaria que me veía.

Sentía que una corriente helada pasaba por mi espalda. Las palabras no salían. Estaba congelada, aterrada.

Él me mira, luego mira a Madame Lucía, sonríe con superioridad y se levanta musitando una frase, como si supiera lo que va a pasar - no me quedaré a ver cómo esta chica tan ordinaria hace el ridículo - fue un susurro, pero estaba lo suficientemente cerca como para que yo lo escuchara.
Empezó a caminar hacia la salida. Cuando estaba cerca de la puerta cerré los ojos con fuerza. Estaba molesta, avergonzada... quería que se arrepintiera de sus palabras.
¿Por qué me rebaja así?
¿Acaso por no parecer alguien especial él automáticamente me designa como aburrida e insuficiente?
¿No tengo talento?
¿No soy capaz de conmoverte?
Agarro el micrófono y lo enciendo. Lo acerco a mi boca y decidida veo su figura, que iba  pasando por la puerta.

Entonces comencé a cantar.



-Coral






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